La descarga

La descarga

Me acerqué lentamente, sonriendo. Alcancé el bote de azúcar con una mano y con la otra apreté uno de sus pechos desde atrás. Ella se giró y comenzamos a besarnos ávidamente, enredando nuestras lenguas cada vez más. Mis manos, ya por debajo de su camiseta, magreaban sus tetas, pulsaban sus pezones, recorrían su espalda...