Besos de fogueo

Besos de fogueo

Por David Otero

 

 

Esa noche de verano no me apetecía quedarme en casa. Yo estaba de vacaciones. Era sábado. Me apetecía conocer a alguien. Sabía que iba a haber mucha gente en la Sala Talión, una discoteca de moda entre chicas que entienden

A propósito, mi nombre es Katerina. Tengo treinta años. Trabajo de enfermera en un hospital. Soy rubia, mido un metro setenta y cinco.

Tenía un novio, pero era un poco... bueno, bastante insoportable él… Era celoso. Manipulador. Egocéntrico. Vanidoso. Desconfiado. Inseguro. Se llamaba Sergio y era comercial en una empresa de programas informáticos.

Así que me pinté los labios, me hice las pestañas, me puse una blusa de seda super sexy con tigres estampados sobre un fondo de color beige, -desabotonada hasta el tercer botón contando desde arriba, nada de sujetador debajo-, una minifalda de color negro, medias de seda negra. Me esparcí espuma de rizos por mi melena y salí del apartamento

Llegué a la Sala Talión en veinte minutos. Pagué al taxi. Me puse a la cola que había a la entrada, que daba la vuelta al edificio. Al cabo de un rato ya estaba pululando en la penumbra del interior, las paredes iluminadas por neones azules. En el aire flotaban las notas de Jazz Be-Bop de un saxo tenor que estaba improvisando por encima de una base rítmica. Las chicas conversaban animadamente en sofás de piel color blanco. Me dirigí a la barra y pedí una ginebra japonesa: Roku Gin con tónica.

Entonces la ví. Era morena, delgada, de pelo liso, muy lánguida, casi etérea. Iba toda de negro, con un top y unos pantalones de cuero. Sus ojos me saludaron como diciéndome “hola, guapa, cómo tú por aquí”. Fátima estaba sola, como yo.

Empezamos a hablar. De cosas intrascendentes, “small talk” para romper el hielo. En un determinado momento de la conversación, la miré directamente a los ojos, le acaricié el pelo y le dije: Vamos a mi piso… Ella se río y dijo: ok! Al salir de la disco, Sergio me estaba llamando al celular por whatsapp. No atendí.

Al abrir la puerta del apartamento, empezamos a besarnos. Mi lengua y la suya se encontraron. Todo empezó a fluir, todo se volvió líquido. Acaricié sus pechos metiendo mi mano en su top. Buceé con mis dedos por entre su escote. Pasé la yema del dedo índice por su aureola…suavemente. Notaba como su respiración cambiaba y sus botoncitos se despertaban

Ya en el sofá del salón, traje de la cocina una botella de Rioja y un par de copas de vino. Puse música. En la torre de sonido sonaba la versión Tropical House de Kygo de “Higher love” de Whitney Houston

“Think about it, there must be a higher love…down in the heart or hidden in the stairs above…without it, life is wasted time…look inside your heart, and I’ll look inside mine…

Allí ella me exploró a mí, tomando la iniciativa. Me quitó la camisa de seda y la minifalda. Me bajó suavemente el tanga hasta los tobillos. Un pie fuera y luego el otro. Recorrió mi cuello con su lengua hasta mis pechos, hasta mi ombligo, hasta mis caderas, hasta mi pubis…y ahí se quedó. Un rato largo. Yo no daba crédito a lo que estaba sintiendo: una explosión de placer, una sensación de libertad jamás conocida con un hombre. Conectamos. No podíamos parar. No queríamos parar. Sólo quería más de ella. Solo quería más

Con sus manos yo sentía mi piel. Eran palomas revoloteando, que con pericia alfarera modelaban el barro de mi deseo, daban forma a la realidad de mi cuerpo, a la silueta de mi espíritu. Con su lengua yo era consciente de mis cavidades. Cada rincón era cálidamente visitado y honrado. Con su contacto, una nebulosa de placer iba colmando todo mi ser. Únicas bailarinas de una danza sin límites ni limitaciones como nunca lo habíamos sido. Únicas escribientes y partícipes de una poesía hecha de carne y movimiento. Únicas espectadoras y oyentes de una sinfonía cuyo ritmo cambiaba de color y avanzaba serpenteando mágicamente

Al carajo los convencionalismos. Los puritanos. Los psicoanalistas. Los políticos. Los obispos. Los empresarios. Los tertulianos. Los presentadores. Los periodistas. Que no me diesen telebasura. Que no me diesen consejos para mejorar la autoestima. Que no me diesen “mindfulness”. Que no me diesen medicación. No quería eso. Quería algo que me hiciese sentir así. Quería algo que me diese paz. Y lo encontré. En Fátima lo encontré

Unos días después Sergio me envió estos whatsapps

-Por qué no me respondiste al móvil la otra noche? Has estado con otro!

-Cómo dices? -Pero vamos a ver

-Lo sé, sé que has estado con otro

-No me gusta nada el tono de esta conversación

-Eres una zorra, te vas con cualquiera!

-Yo hago lo que quiero, no soy propiedad tuya, sabes?

-Puta!

-Se acabó, Sergio. Estás enfermo. Busca ayuda psicológica, pero yo no te aguanto

Lo bloqueé segundos antes de su siguiente mensaje. No iba a ser bonito. Mejor así

Esa tarde llamé a Fátima. Quedé con ella para ir al cine a la noche. Iba caminando, y mientras lo hacía pensaba que cuando una relación de pareja se convierte en una batalla, es mejor que las “balas” se tiren por whatsapp, y no haya oportunidad para otro tipo de golpes. Aunque eso depende de la persona con la que estés…Me hice una promesa a mí misma: ser fiel a mi corazón siempre, como dice la canción “Higher Love”…A veces la música nos señala el camino…

¿Azar? ¿Casualidad? Algunos dicen que no existe. Yo en media hora estaría con Fátima, y sólo dispararía besos…besos de fogueo